Pienso en esas montañas que he cruzado cientos de veces (que unen más que separan). Pienso en todos los mineros que perdieron sus vidas en ambas cuencas. Pienso en esas hermosas playas, -San Lorenzo, Rodiles o Xagó- en las que me he bañado. Pienso en los Astures, que vivían en las dos vertientes de la Cordillera (y en los indiscutibles topónimos de la ciudad de Astúrica-Astorga o  del río Astura-Esla). Pienso en Oviedo y en León, capitales de un mismo Reino y en nuestros reyes en común -que ya los quisieran otros para ellos…-. Pienso cuando venís de tapas y vamos de sidras. Pienso en la Ruta del Cares, que nos comunica por los Picos de Europa. Pienso en el oso pardo, que no sabe de fronteras y atraviesa nuestros montes. Pienso en la gente que habla bable en ambos lados. Pienso en los leoneses que esquían en la asturiana Pajares y en los asturianos que lo hacen en la leonesa San Isidro.

Podría seguir pensando durante horas en Asturias, mi segunda tierra, y en la de cosas que he vivido allí y entre sus gentes.

(En la foto una de las torres de la Sama-Velilla en el límite de Asturias y León, en el puerto de Tarna. J. M. LÓPEZ. La-cronica.net)

Sin embargo, la construcción de la Sama-Velilla, una línea de Alta Tensión que atravesaría -y destrozaría- la mayor parte de la montaña leonesa (una zona en terrible decadencia), lo está emborronando todo. Parece que los políticos de Asturias desprecian a sus vecinos leoneses y que solamente priman sus intereses económicos por encima de todas esas cosas que nos unen. Me da pena por todos los familiares y amigos que tengo allí pero sus dirigentes les están haciendo un flaco favor.

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